Por Victoria De Tonmasso
Di con su teléfono una de esas tardes cálidas
que se prestan para salir a caminar al corredor de Bella Vista. Me paré a
comprar en un kiosquito y lo vi. A disposición de todos, en un cartelito que
invitaba a colaborar, estaba el celular de Susana. Llegué a casa y la llamé. Percibí la
voz de una persona mayor con energía adolescente, y confirmé esa impresión el día
que la conocí personalmente. Tras varias tazas de café y un recorrido por su casa,
en cuyo suelo reposaban varias bolsas de ropa, la mujer detrás de la sonrisa se
hizo relato.
| Susana recorre las estaciones del ferrocarril con comida para quienes duermen allí. (Lucila Munilla Lacasa). |
Hace poco más de dos años, insatisfecha con la ayuda que
brinda a las ONG, además de la iglesia de su barrio, Susana se vio motivada por
las juntadas porteñas en las que los jóvenes y adultos preparan ollas de guiso
y brindan abrigo y techo a quienes duermen en la calle, en el banco de las plazas o las escalinatas de los templos. Como en la Ciudad todas las zonas
estaban cubiertas, una amiga le aconsejó implementar el mismo proyecto en su
barrio.


